Salmo 17 – Oración solemne de ayuda

En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia;
Cuando despierte me conformaré, contemplando tu semejanza.
~ Salmo 17:15 (NRSV).

Ahora volvemos al tema regular de David: lamento. Este salmo es una oración que prueba la confianza del ungido en el Señor. Si no hay nada más que tomemos de esta súplica, es el beneficio de la paz que viene de esconderse (versículo 8) en el SEÑOR.

Salmo 17 - Oración solemne de ayuda

Salmo 17 – Oración solemne de ayuda

“No me he equivocado”

Los primeros cinco versos detallan el estado de ánimo desesperadamente desconcertado de David ante la falta de una justa vindicación; Su causa no había sido escuchada. Esto no es una declaración de inocencia general, sino de inocencia en la situación.

La oración es la respuesta correcta en tales situaciones. Cuando nos sentimos totalmente perdidos, el día hecho a los perros, solo la conciencia de venir ante nuestro Dios; Esto es lo que necesitamos.

Lo que se nos da es un momento de respiro, ya que la tranquilidad proporciona la idea de que hoy, aunque sea malo, no es todo lo que hay.

Compartiendo con Dios los detalles de nuestros problemas

Podemos preguntarnos fácilmente, ¿cómo funciona la oración? La belleza de la oración de David es el modelo que adopta. Él vocaliza los problemas, punto por punto, derramando su vitriolo desnudo en la Presencia del cielo más alto.

De alguna manera, las bendiciones de la empatía celestial se sienten aquí, como una y otra vez, no solo en este salmo, se hace una nueva declaración de confianza en los versos finales.

Sospechamos esto, también, en nuestras propias vidas. Cuanto más buscamos seriamente a Dios en oración, dedicando más de unos pocos minutos y quizás hasta un día o más con el Todopoderoso, más nos damos cuenta del papel de la oración.

En lamento, el papel de la oración es uno de reflexión, inicialmente, y rejuvenecimiento alentando a saber que nuestro Dios escucha; más que eso, el Señor Soberano restablecerá el equilibrio justo con el tiempo. Mientras tanto, restaura nuestro bendito equilibrio para que podamos pasar otra ronda de la vida.

Como David (en el versículo 13), además, ¿quién es mejor para colocar nuestras peticiones antes que Dios?

Donde aterriza la Oración

Las oraciones, una vez iniciadas y gastadas, terminan en el vínculo de confianza. El mero esfuerzo de la energía espiritual y emocional ordena que haya algún alivio en nuestra fatiga. A veces, como cuando un músculo tiene espasmos, es solo cuando estamos completamente agotados que el SEÑOR tiene la oportunidad de ‘liberarnos’ y revivirnos.

El versículo 15 es la clave.

Al despertar de nuevo en una mañana sorprendentemente brillante y alegre, podemos decir en nuestro corazón de corazones: “Estaré satisfecho, contemplando su semejanza”.

Nuestras oraciones auténticas aterrizan en el regazo de las bendiciones de Dios, para sacarnos del lamento y para poner en marcha nuestra fe una vez más, para que podamos seguir al Todopoderoso con mayor atención.

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